Jackpoteo

El fraude de la lotería del 24 abril de 1980 en Pennsylvania

Artículo publicado en Sábado 18 abril 2015

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Sería estupendo comprar un billete de lotería sabiendo de antemano que el número adquirido saldrá premiado con un 100% de probabilidades. Aunque pueda parecer imposible, esto ocurrió en Pennsylvania, el 24 de Abril de 1980.

Historia de un engaño

La Lotería de Pennsylvania tenía un sorteo conocido como el “Número Diario”. El popular espacio estaba conducido por el presentador Nick Perry. Nacido en Pittsburgh, el carismático maestro de ceremonias llevaba más de dos décadas al cargo de programas de televisión sobre apuestas y juegos de azar. Entre ellos “Bowling for Dollars” (Jugar a los bolos por dinero) o el Campeonato de Bolos de la WTAE-TV.
Cuando el juego de la lotería se instauró en el estado, se pensó en él como el candidato idóneo para oficiar de conductor en las tiradas de la Loto.

Un trabajo fácil y bien remunerado que parecía hecho a medida. Las tiradas se hacían a diario de lunes a sábado. El rol de Nick consistía en esperar a que saliera el número premiado y dirigir a los espectadores su célebre frase: “Si tiene el número premiado, venga a reclamarlo, en caso contrario, buena suerte para mañana”. Por ello recibía 100 dólares diarios.

Pero Nick tenía un segundo negocio al margen de sus labores de presentador. Junto a Peter y Jack Maragos regentaba una casa de comidas. Nick propuso a los hermanos Maragos poner en práctica una estafa para ganar en el “Número Diario”.

El funcionamiento de dicho juego era el siguiente: Había tres bombos independientes. Cada uno de ellos contenía 10 bolas de ping pong con números que iban del 0 al 9. Cada bombo tenía un sistema de aire que impulsaba las bolas hacia arriba y un recipiente de cristal transparente con un tubo por el que la bola succionada llegaba a un receptáculo en el que se depositaba.

La lotería pagaba cada día más de un millón de dólares. Una parte del dinero recaudado se destinaba a obras sociales para la 3ª edad. Cada noche, un venerable anciano se encargaba de sostener las bolitas y leer el número premiado.

El avispado Nick había estudiado durante años el proceso de selección de las bolitas que salían impulsadas hacia la apertura del tubo por efecto del aire expelido. Se percató de que había bolitas más pesadas que jamás subían por el tubo a causa de su mayor peso. Esto le dio la idea de fabricar sus propias bolitas más pesadas para suplantar a las auténticas.

Confió su plan a Fred Luman, encargado de la realización de escenarios del programa y al ex director de la cadena, Joseph Bock para llevar a cabo su plan. Luman realizó una serie de pruebas para alterar el peso de las bolas. Finalmente inyectó algunas de ellas 4,5 gr de pintura con la ayuda de una jeringuilla. La pintura resultaba inapreciable a simple vista y el diminuto pinchazo se tapaba con el número de la bola.

Para ganar en el sorteo diario, había varias posibilidades: tener los 3 números en el mismo orden en el que salían las o bien tener la combinación de números en distinto orden. Nick y sus secuaces habían alterado los números 4 y 6 por lo que las posibles combinaciones eran las siguientes: 666, 664, 644, 646, 464, 446, 466 y 444.

La avaricia rompe el saco

Los responsables del juego se jactaban de que era imposible amañar el juego ya que las bolas siempre estaban controladas. Sin embargo, Nick se las ingenió para que el gerente Plevel, encargado de la vigilancia hiciera la vista gorda previo pago de 2.500 dólares. De esta forma, al finalizar el sorteo, Nick pudo destruir las bolas trucadas y reemplazarlas por las auténticas.

Los estafadores habían acordado no levantar sospechas ni alertar a la mafia comprando demasiados boletos con las combinaciones 6 y 4. Sin embargo la avaricia les pudo. El día del amaño, 24 de abril de 1980 la Lotería recaudó 1.000.000 y pagó 3.500.000. La voz se había corrido y eran muchos los que hicieron sus apuestas a los números ganadores. Finalmente se llevó a cabo una investigación y los responsables fueron descubiertos y enviados a prisión tras devolver las ganancias obtenidas de forma ilícita.

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